Clase como todos los días y comida como todos los días.
Hoy bajamos a Chinatown. Mi objetivo son las galerías de “Wing Fat Shopping” pero la verdad es que parece ser una invención de los autores de la guía poque no encuentro nada que se le parezca… En fin.
Para recompensar el viaje a Francesco nos paramos a por un café, que como buen italiano no puede faltar en su vida auque me ahorraré su opinión sobre el americano, y charlamos en un parque interior por Columbus Circle, cerca de su casa. Después de una hora, en mi cabeza ronda la idea de cruzarme Central Park hasta mi apartamento. Sí. Cruzar 51 calles parece a primera vista una locura. Es tan simple como desviarse hasta el primer metro o bus a la primera, o segunda, señal de flaqueza si sentarse en la hierba durante unos minutos no te es suficiente. Me apetece un paseo tranquilo, como persona tranquila que soy. Comprendo que haya gente que le encante estar rodeada de gente en todo momento. Pero yo pertenezco al otro grupo, al de los que necesitan un tiempo diario de conversación consigo mismos, en silencio. Joaneta sabe a lo que me refiero. I merci per totes les pauses que m’has donat sense demanar-te o jutjar-me.
Pero no lo consigo hacer realidad. Tendrá que ser otro día. Cruzamos Central Park hasta el Metropolitan, a la altura de la 83th st.
Entre medio un grupo practicando yoga, ardillas sin miedo, un partido de béisbol, orientales ofreciendo masajes, ejecutivos con la corbata desabrochada y sin zapatos sentados en la hierba, parejas en su primera cita, una gran concentración de gente que a las ordenes de un profesor sube y baja las, un chico con su guitarra, coches de caballos, cientos de personas haciendo jogging, una mujer de cuarenta y muchos paseando varios perritos agrupados perfectamente por parejas de razas ...pero de todos me quedaría con esta imagen:
“Al igual que el metro, Central Park iguala a todo el mundo”.
Aquí mi pose más natural.
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